lunes, 24 de septiembre de 2012

La Bruja Dido

Eneas se marchaba...
La Reina de Cártago, hija del rey Muto de Tiro, había intentado retenerle por todos los medios posibles en esas tierras extrañas.
Durante un tiempo, creyó que en África, Hécate podía oír sus plegarias más cercanas y fuertes que en sus lejanos orígenes.

Dido encontró la parte que le faltaba en la vida y ahora...ahora Eneas se marchaba dejándola sola.
Le rogó, suplicó, engañó...pero Eneas no cedió, y se volcó en cuerpo y alma hacia una muerte segura.
¿Por qué? No entendía al mundo ni al universo...no entendió a los dioses ni a los hombres...
Por eso decidió esperarle menos tiempo; por eso, decidió esperarle algo más lejos.

Le dijo a su hermana que la furia se había apoderado de su alma, que mientras marchaba, Eneas vería arder todas sus pertenencias, que se arrepentiría de cambiar el amor por la muerte...
Y la pira ardió, con todo lo que su amado dejó atrás, y mientras ardía, sintió un dolor tan grande, que no se creyó capaz de aguantarlo minutos, días, años...¿Cuánto tardaría en volver si era improbable la victoria?

Y mientras las miradas reflejaban las llamas, Dido se atravesó con la espada de su amado, y se quemó junto con el resto de sus posesiones... por que ella también era suya...por que de esa manera, tardarían menos en encontrarse...


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