jueves, 11 de octubre de 2012

La Monstrua Vestida, La Monstrua Desnuda






Un buen vaticinio marcó su nacimiento; llegó al mundo en medio de una misa.
Pero su realidad fue muy diferente a pesar de las creencias existentes en el S. XVII.

Eugenia nació diferente, con un síndrome desconocido que la marcó durante su vida, para no dejarla jugar, no dejarla andar; a veces, ni tan siquiera descansar.
Sus pequeños pies apenas sostenían su obeso cuerpo, y sus músculos, no eran lo fuertes que deberían; para no dejarla caer...tantas veces necesitó ayuda...

Fue llevada a las Cortes de Carlos II, y allí fue relegada como un espejo de lo grotesco, en el que las gráciles damas que la rodeaban, podían beneficiarse de sus defectos, de su monstruosidad.

A su lado, las carencias de las mujeres no eran tan importantes, no eran tan evidentes.
A su lado, los ojos que las miraban: comparaban, juzgaban y sentenciaban siempre a su favor.