lunes, 26 de septiembre de 2011

Mesopotámica Lamashtu

Una imagen femenina representaba el miedo entre las mujeres sumerias. Lamashtu era temida en los momentos más difíciles, los embarazos, los partos...con sólo tocar 7 veces el vientre, era capaz de provocar un aborto y mantenía en vela todas las noches a las recientes madres, temerosas de que se llevará a sus recién nacidos.
Esa demonio medio burra, medio pájara y a veces también sanguinaria leona, prefería dar vida a perros y cerdos.
Para poder protegerse de esta entidad, se solicitaba ayuda a otro demonio, Pazuzu, que adornaba el cuello de embarazadas y bebés.
El nacimiento marcado por pánico y oscuridad invadía no sólo las mentes, sino las habitaciones que eran decoradas expresamente para evitar la llegada de Lamashtu.
La parte malévola de lo femenino se enfrentaba a la dulzura y la inocencia, devorando la vida de los desafortunados.

La Diosa Fortuna

La llamaban Tyche o Tike.
Esta deidad de padre y madre dudosos, intervenía en la suerte de los mortales griegos.
No había nada decidido, todo era echado a suertes, dejado en manos del azar...jugaba con la desgracia enviándola a unos u otros sin motivo.
Una diosa que podía darlo todo o nada, no recibía culto. Tenía en sus manos la fortuna de las gentes, pero nunca conoció de verdad su origen.

Todos los días pienso en la suerte, en lo que significa para cada uno, en cómo la sentimos en nuestro interior...para algunos la suerte es como una gata zalamera, que te deja con la miel en la boca, deseando que vuelva a nuestra vida con una esperanza imbécil de conseguir lo que necesitamos o creemos necesitar; para otros será como como un padre gordo que consiente todos nuestros caprichos, independientemente de si el momento es oportuno o no para los que están alrededor.
También será como la peor de las diosas para otros, temible y egoísta, que reparte lo mejor sólo a algunos, y mira con recelo cada acto de los demás....olvida a muchos, mima a otros...pero, ¿que podemos hacer para ser uno de sus favoritos?

Presentación

Voy a relatar las vidas de personajes ya desaparecidos y olvidados, de dioses enterrados...con el paso del tiempo nos alejamos de los comienzos, de los orígenes de nuestras creencias y nuestros miedos.
Tememos lo conocido y lo desconocido, culpamos, desconfiamos y nos entregamos a los dogmas y creencias que nos imponen para cada época, para cada vida.
Para entender hay que conocer, para aprender debemos dudar...de todo.